Bienvenidos a todos una vez más. Ésta vez os dejo un artículo con un tema muy interesante y entenderéis por qué. Primero porque la historia de esta ciudad en la que pasaréis los siguientes minutos es tan magistral como antigua y tan mágica como sombría; y segundo porque este artículo me redescubrió la pasión escondida por los misterios ocultos que ahí fuera en cualquier parte de todo lo que pisamos pueden existir, de hecho, es el primer artículo que escribí hace años y con el que me sumergí en un viaje que, espero, no termine nunca.

Disfrutad de una de las delicias históricas que Europa central guarda con tanto celo. Hoy os dejaré un pequeño bocado de lo que más adelante será la culminación de otro artículo en el que desnude por completo la ciudad y desvele sus leyendas mejor guardadas. Deleitaros entre sus encantadas y musitadas calles, bienvenidos a:

Praga, la siniestra belleza

Pocas ciudades cuentan con el encanto mágico de Praga. Lugar enigmático, impregnado de historia, de leyendas, misterios y cuentos para no dormir.
Cada calle, cada rincón, cada edificio; cada metro de ciudad posee una leyenda diferente, todas auténticas genialidades, pero qué mejor leyenda que una historia real contada e invocada a través de los años.
Todo en Praga es diferente, todo allí nos hace regresar al pasado, vivir en él, respirarlo.

Ahí es donde precisamente deseo llevaros, a los barrios más recónditos e históricos de una ciudad que tiene el sello del paso del tiempo marcado en cada uno de sus muros.
Y entre el silencio de ocultas miradas vigilando sus empedradas calles llegamos al antiguo barrio judío donde se encuentra uno de los cementerios más impresionantes de Europa.

Imagen de la entrada al cementerio judío. Praga.

En el viejo cementerio judío de Praga, el paisaje nos hace alarde de una calma aparente entre sus tumbas, acompañando a la inquietud que provoca aquel camposanto en el que sólo encontramos lápidas amontonadas, golpeadas, tiradas, empujadas y superpuestas unas sobre otras como si de un macabro juego de rol se tratase.

Imágenes reales de las lápidas de dicho cementerio, amontonadas unas sobre otras

Más macabro, si cabe, es saber que en ese pequeño lugar hay enterrados mas de cien mil judíos y sólo (a pesar del cúmulo de lápidas) existen doce mil trozos de mármol anclados en el barro. Esto barbaridad es debida al hecho de que el cementerio se les quedó pequeño y los judíos, sin la posibilidad de ampliarlo, tuvieron que recurrir a realizar los nuevos enterramientos sobre los ya existentes, añadiendo capas de tierra una y otra y otra vez cubriendo así los yacimientos de anteriores difuntos judíos a escasos centímetros unos sobre otros; algo casi sacado del mismísimo Ramsey Campbell. En algunos lugares del cementerio se pueden contabilizar hasta once enterramientos unos sobre otros. Motivo también del aparente desorden de las lápidas, apiladas y apoyadas todas juntas.

Alrededor del viejo cementerio judío nos encontramos con las antiguas sinagogas del gueto que permanecen ancladas como islas.
En una de ellas, cuyos muros han visualizado la decadencia de la época más oscura, es la sinagoga Pinkas, y en su interior nos topamos con un pequeño y estremecedor museo en recuerdo a los judíos muertos durante el Holocausto.
En sus paredes están inscritos los nombres de las víctimas, sus datos personales y los nombres de las comunidades a las cuales pertenecieron, incalculable el número de nombres inscritos en esas paredes entremezclados con las fechas de sus escasos años de vida de mucho de ellos. Consta y cuesta decir que es el único recuerdo que queda de aquellas personas, más de 80.000 judíos cuyos nombres se han grabado en un pequeño trozo de pared que ya, prácticamente, nadie recuerda.

Imagen de los grabados, con nombres y fechas de las víctimas.

 

No sabemos el sufrimiento que se ahoga bajo ese enloquecido ajedrez de lápidas, ni sabemos la agonía de los que allí bajo sus tierras hoy en día se amontonan como burdos objetos, pero de lo que sí estamos seguros es que la historia, siempre sorprendente y misteriosa, nos deja tesoros, aunque a veces terroríficos, como éste, ocultos entre edificios y calles oscurecidas por la sombra de un pasado que aún perdura.

M.Rubar

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