Aquello continuaba arrastrándose por el centro de la cama dirigiéndose a Susana cuando de repente ésta en medio del pánico fue capaz de pronunciar:

– Lucía… ¡Dios mío!, ¡No es posible!.

Ahí estaba la niña, Lucía, la hija mayor del joven matrimonio fallecida, debido a un grave accidente doméstico mientras jugaba sola en casa dos años atrás, no podían creer lo que sus ojos veían, era imposible, impensable, se sentían viviendo una escena de terror arrancada de la mente más macabra. Eduardo que se encontraba justo al lado de Susana, agarró a su mujer y tiró de ella hacia el lado de la cama en el que él estaba tumbado, ya que las manos de la niña estaban apunto de aferrarse de nuevo a los tobillos de su madre. Los gritos de ambos retumbaban entre las cuatro paredes de la habitación cuando en ese momento vieron al borde de la cama a la pequeña Claudia.

– ¡Claudia hija CORRE! ¡vete de aquí, vete a tu habitación! ¡CORRE!
– ¿por qué mamá?, Lucía sólo quiere jugar con vosotros y yo siempre he querido jugar con ella, la echaba mucho de menos y me sentía muy sola.
– ¿como dices cariño?, Eduardo esto no puede ser real por favor haz que pare.

En ese instante observaron como la pequeña tenía un diario entre las manos, entre los desgarradores gritos de Susana debido a que la difunta Lucía se encontraba ya a un par de palmos de su cara mientras dejaba tras de su un repugnante reguero de sangre. Eduardo corriendo se acercó a Claudia le quitó el diario y le preguntó:

– ¿qué es esto?, ¡¡CONTESTA!! ¿QUÉ ES ESTO?, ¡DILE A TU HERMANA QUE PARE! ¡¡DÍSELO!!, ¿tiene este libro algo que ver?, ¡¡HAZ QUE ÉSTO DESAPAREZCA!!.

En ese preciso instante lo único que quedó en la cama fue un charco de sangre coagulada y descompuesta y ni rastro de Lucía. La madre aun permanecía gritando y agarrándose el pecho mientras lloraba y cerraba los ojos rezando y deseando que toda aquella pesadilla terminase de una vez por todas, su marido con una entrecortada respiración y la mirada perdida sostenía el libro que la niña tenía antes entre sus manos.

– Claudia por favor qué es esto, ¿por qué lo tienes?.- preguntó Eduardo mientras Susana parada de gritar y se alejaba del charco de sangre con la respiración aun más entrecortada que su marido.
– Es un diario donde están escritos todos nuestros juegos, Lucía juega conmigo porque se siente sola y yo también y ahora quería que vosotros también jugarais con ella pero la habéis asustado y eso no le gusta, se enfada y no me gusta cuando está enfadada.

Eduardo abrió el diario y al llegar a la última hoja se manchó las manos de la tinta recién escrita, lo cerró de golpe y dijo:

– Ya está bien, ¡YA ESTÁ BIEN!, nada de esto es real, Lucía murió hace dos años y no hay día que no nos arrepintamos de haberla dejado sola, pero ¡ya esta bien! ¡¡ésto es una locura!!, ¡¡Claudia vete a la cama!!, mañana nos vamos de aquí.
– Pero papá…
– ¡¡que te vayas a la cama he dicho!! ¡AHORA!
– Pero déjame que te explique, ella…
– ¡no hay nada que explicar! ¡esto es de locos! no me hagas repetírtelo ¡VETE A LA CAMA! y ¡mañana nos vamos!
– No es una buena idea papá
– Claudia, vete…

Mientras la pequeña se dirigía cabizbaja hacia su habitación, el padre, aun con el diario en la mano divagó unos segundos y le dijo a su mujer que se encontraba aun en estado de shock mirando fijamente las sábanas:

– es curioso Susana
– ¿el qué…?
– Pues, sabía que Claudia está aprendiendo a leer pero no sabía que también escribía.
– es que no sabe escribir…
– pero ¿y entonces el diario?

Eduardo se miró la mano manchada de tinta y ambos se miraron entré sí cuando un terrible escalofrío recorrió sus cuerpos mientras susurraban al unísono: “Lucía”. Salieron corriendo de la habitación cuando de repente contemplaron como frente a ellos se encontraba la pequeña Claudia con el diario en la mano, el padre echó la vista atrás donde había dejado el diario y éste ya no se encontraba allí ahora estaba en las manos de la muchacha, y junto a ella su hermana mayor, Lucía, bajo sus pies un charco de sangre y bilis negra se esparcía alrededor de ambas pequeñas, las manos de Lucía goteaban sin cesar al igual que la comisura de sus labios y la zona de su estómago aunque cubierta por una pequeña camiseta estaba empapada en sangre.

– Mamá, papá – dijo la pequeña Claudia – el diario es de Lucía y quiere que me vaya a jugar con ella, ahora ella no quiere jugar con vosotros, porque se ha enfadado, dice que no debo tener miedo, que no me va a doler dice que es divertido y que ya no estaré sola, pero también dice que vosotros queréis iros y abandonarla y eso no le gusta.

En ese momento Lucía se giró hacia su hermana pequeña sonriéndola a la par que una gran cantidad de sangre y desechos desbordaban por su boca al abrirse y agarrándola del cuello mientras comenzaba a apretar dando lugar a que la sangre de la pequeña Claudia comenzase a brotar le preguntó:

– ¿quieres jugar conmigo?
– ¡¡NO!!- gritaron aterrados los padres intentando tirar de la pequeña, pero ya era tarde, incluso para ellos…

M. Rubar

Anuncios