Después de dejaros sumergidos durante una semana entre los gritos de un pequeño túnel de Toronto, damos un pequeño salto en el tiempo y cambiamos de lugar; dirigiéndonos a las calles de una ciudad ahogada en su propio silencio. Calles que aún respiran el trágico pasado que las marcó. Rincones y edificios mutilados de vida, fragmentos de una tragedia que obligó incluso al paso del tiempo, abandonar aquél lugar.
Estoy hablando de una ciudad fantasma situada al norte de Ucrania, en Kiev.

Pripyat, un pedazo de Chernobyl

Panorámica de la ciudad después de la tragedia

Máscaras de gas, de uso obligatorio

De los cientos de pueblos y ciudades abandonados y dejados de la mano del hombre que existen por el mundo, ninguno se equipara a Pripyat.
Hace más de un cuarto de siglo, ésta ciudad, como sacada de un guión de ciencia ficción, fue evacuada en menos de tres horas.Teniendo en cuenta que su población era de más de 50.000 habitantes, el carácter surrealista de lo sucedido, superó y supera con creces la capacidad de admitir que una ciudad, en una sola mañana, puede quedarse sumida en el silencio.

Este lugar padeció, hasta el día de hoy, el peor accidente de la historia de la energía nuclear, cuando se produjo el sobrecalentamiento y la explosión del reactor número 4 de la planta nuclear de Chernobyl el 26 de Abril de 1986. Dicho reactor emitió 400 veces más radiación que la bomba atómica que cayó sobre Hiroshima, ciudad que tuvo que ser evacuada también en 1945. Y de la que en próximos artículos os hablaré.

Desoladoras imágenes de la ciudad después
del accidente

Aunque dichas imágenes hablan por sí solas y poco se podría añadir a lo que que se puede observar, la ciudad, tal y como he mencionado arriba, fue evacuada en menos de tres horas por el ejército ruso, no es de extrañar que todos los habitantes fuesen sacados de sus casas en contra de su voluntad, dejando tras de sí todas sus pertenencias, sin la posibilidad de regresar, todo aquello que podía caber en sus manos y que los escasos segundos podían permitirles coger, se lo llevaban, el resto, se quedó tal cual fue dejado por las familias que fueron arrancadas de sus hogares. Además, el ejercito recibió la orden de sacrificar a todos los animales domésticos y todo el ganado que hubiera en el lugar y en varios km a la redonda de Pripyat.

Ejemplos de impotencia.
Dejando tras de sí todo aquello que el tiempo no permitió recoger

Los únicos que osan caminar por aquel lugar, con el miedo aún latente, son los científicos y fuerzas de seguridad que, restándole placer y sumándole obligación, custodian e investigan, aún a día de hoy, los restos de un macabro museo de la era soviética.
El terreno que rodea el antiguo reactor está cercado por un perímetro de 10 Km cuadrados, donde se considerada de máximo peligro de contagio y en la actualidad el riesgo que produciría acercarse a esa ciudad sin protección es prácticamente mortal.

De hecho las autoridades advierten desde hace varias décadas que la propia naturaleza (las lluvias, los vientos, etc) pueda arrastrar, hoy en día, la contaminación acumulada en el ambiente, a otras ciudades europeas. De hecho en las aldeas que rodean Pripyat, sólo queda el 5% de la población con respecto a hace más de 25 años debido a las enfermedades que la tragedia ha provocado y los nacimientos con malformaciones que han terminado en muerte.

Retazos de una inocencia perdida, entre los muros que construían el futuro de pripyat

La ciudad quedó completamente suspendida y consumida por el pánico que sacudió a todo Chernobyl.
La desgarradora situación perdura hasta nuestros días, pues a pesar de que muchas familias perdieron allí sus recuerdos y desean aún hoy día recuperarlos, nadie puede llevarse nada, ni si quiera tocar nada, pues el riesgo de contaminación con el contacto es de un 90%, además de todas las medidas de seguridad que siguen imponiéndose y es que cualquier aficionado que desee adentrarse entre sus calles, se encontrará con impedimentos difíciles de sortear, pues sólo se puede acceder con un traje y una máscara específicos que únicamente poseen las fuerzas soviéticas y que son cedidos a unos pocos científicos.

Se que en apenas tres semanas os he sumergido en las gélidas aguas de una conspiración hundida en el Atlántico, os he adentrado en la macabra mente de un tétrico asesino y os he invitado a jugar entre las leyendas de un antiguo túnel pero, a veces es necesario alejarse de todo eso; conspiraciones, canibalismo, leyendas; y pararse a recapacitar para hacer acto de conciencia sobre nuestros propios errores, mejor reflejo que éste no lo podemos encontrar. Somos conscientes de que una sola mente enferma de ambición y ansias por un desmesurado progreso, puede equipararse a la mente de un asesino, un conspirador, etc; pero incluso en éste caso podemos hacer un pequeño matiz, aquí no asesinaron a una persona, ni si quiera a un centenar de ellas, aquí sesgaron la vida de una ciudad entera, que ahora, sumida en el silencio, sólo le queda ser vejada por el tiempo hasta desaparecer, una ciudad envenenada por un simple fallo, un error que arrastró consigo un total de más de 50.000 víctimas.

No es ineludible recurrir a los misterios que nosotros mismos creamos para cubrir y saciar esa sensación de terror que nos mantiene vivos; no es necesario echar mano de las ideas más enloquecidas, perversas y aterradoras para moldear una historia de miedo a nuestro antojo. En muchos casos simplemente es tan fácil como caminar por este ecuánime mundo, sin necesidad de elevar nuestra mente a temas inventados, herméticos e impenetrables, para darnos cuenta de que el peor terror de todos es la soledad y el silencio que se sumergen bajo las ruinas de una ciudad en la que aún retumba el pánico de sus desterrados habitantes.

Ahora Pripyat no es más que el eco de una ciudad destruida y de canciones olvidadas, en las que el paso del tiempo jamás podrá callar la última melodía de un lugar que enmudeció para siempre.

Me despido por ésta semana para comenzar a tejer de nuevo otra lóbrega aventura con el único deseo de ensimismaros una vez más, pero no puedo irme sin antes dejaros una pregunta en el aire; una pregunta que quizás requiera más tiempo contestar del que podáis imaginar. Una pregunta cuya sincera respuesta pueda asombraros.
Procreamos y nos destruimos, nos deseamos y nos odiamos, nos matamos, nos aniquilamos y no nos arrepentimos, quienes somos en realidad… somos sólo una especie más, en este mundo que creemos nuestro, una especie con una mente que degenera en un estado de enfermo poder, un poder que nos autodestruye hasta límites desconocidos, aceleramos las horas del fin de nuestra existencia; y ahora decidme : ¿somos lo suficientemente importantes como para ser salvados?. Quizás, todavía, nos quede tiempo, por lo menos, para pensar en ello. Contestadme vosotros.

M.Rubar

Anuncios