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Esta semana, vamos a dejar un poco aparcado el terror que no requiere de la maquinación de una mente retorcida para ser creado y vamos a sumergirnos en aquel que es fruto de una mezcla entre sucesos que antaño fueron reales y leyendas que se tejen tras años y años de una desgracia oculta. Nos sumergimos en la leyenda de “El túnel de los gritos”. 

Screaming tunnel

Entrada al túnel

Después de “el vampiro de Brookling”, seguimos sin movernos de Estados Unidos y nos dirigimos a Warner Road, una pequeña localidad cerca de las míticas Cataratas del Niágara. En dicho pueblo se haya un pequeño túnel y en dicho túnel, una leyenda con casi 150 años de antigüedad. Pero como yo siempre digo, detrás de toda leyenda existe una historia real, un origen, un suceso marcado por la desgracia, la tragedia o un cúmulo de acontecimientos fatídicos que provocan el impulso y el deseo de retroalimentar una y otra vez un hecho pasado tallándolo con las macabras ideas que a menudo, por mero placer, se van forjando y van convirtiendo la historia en una leyenda que perdura con el paso de los años.

Cuenta la leyenda que, al adentrarte en dicho túnel, más concretamente a mitad del mismo, y encender un fósforo, es decir, una mísera y simple cerilla, comienzas a notar una gélida presencia a la altura de tus piernas mientras oyes un pueril y desgarrador grito y una breve pero intensa ventisca apaga la pequeña llama de la cerilla. En medio del estridente chillido, se puede escuchar como una candorosa y tétrica voz grita “No”.
Pero la leyenda va más allá y la ansiosa mente de los que con el paso del tiempo se han encargado de mantener viva la historia, osan decir que una caricia congelada comienza a notarse por tus piernas, de una intensidad tal, que sientes la necesidad de arrodillarte y es en ese instante cuando notas el pavoroso frío recorriendo tu rostro.

Imagen del túnel bajo el cruce de líneas de tren

Como bien he dicho, detrás de toda leyenda existe una historia real que la respalda. Y para comenzar, os vuelvo a refrescar su ubicación. Nos remontamos a 1870 aproximadamente, a un pequeño pueblo cerca de las Cataratas del Niágara; en dicho pueblo existe un pequeño túnel peatonal inutilizado casi desde su creación. Por encima del túnel convergen el cruce de líneas de tren que enlaza Toronto con Nueva York.

En éste pueblo, Warner Road, había una granja de considerables dimensiones ubicaba detrás de dicho túnel, frente a las vías del tren. Ésta comenzó a construirse hacia 1780, pasando por varias generaciones, la granja había sido cuidadosamente conservada pues era la base de supervivencia y sustento de la familia que allí vivía. Una tarde, la niña pequeña de la joven familia que había heredado la granja se encontraba en el interior de la misma cuando y por causas que a día de hoy se desconocen o el paso de los años ha ido borrando, la granja se incendió con la pequeña dentro.

Tuvo la suerte de poder huir y salir corriendo de allí para lograr escapar del incendio, aunque, para su desgracia ya era tarde, pues el fuego alcanzó a la niña y ésta, según los testigos de la zona que se encontraban en los alrededores, corrió en llamas hacia el túnel, y pudieron observan como a mitad del mismo la pequeña caía y su cuerpo quedaba consumido en medio del fuego y completamente calcinado. Cuando los padres fueron avisados poco pudieron hacer si quiera por acercarse a ella, pues el cuerpo estaba tan carbonizado y desprendía tanto calor que el más mínimo roce contra éste podría producir en la piel graves quemaduras. Como les fue posible, el cadáver fue llevado a la casa y por el camino los aldeanos afirmaban que pequeñas llamas aún salían de los escasos trozos de tela del vestido de la niña que, fortuitamente estaban sin quemarse.

Aún a día de hoy, hay cientos de testimonios que atestiguan sentir, inclusive en las épocas más calurosas del año, una breve pero fuerte ventisca en mitad del túnel sin necesidad de que haya brisa en la entrada del mismo. Otros hablan de una fuerte carga de negatividad dentro de él. De hecho, diversos grupos de parapsicología y ciertos geólogos especializados en campos magnéticos terrestres han investigado la posible existencia de un cruce de Líneas de Hartmann (de las cuales ya he hablado en anteriores ocasiones y volveré a hablar en posteriores artículos ) pero dichas investigaciones han dado como resultado la no existencia de ningún cruce justo en esa zona, aún así se siguen investigando las causas de la carga energética que existe dentro del túnel y la mofidicación del aire dentro del mismo.

El túnel se utilizó como escenario natural de la película filmada en 1983, “La zona muerta”, basada en la novela de Stephen King que lleva el mismo nombre, con el actor Christopher Walken. Éste lugar sigue atrayendo a curiosos visitantes y amateur de lo desconocido, lo oculto y lo que se sale de los límites de una simple visita guiada. Muchos de ellos a día de hoy dan veracidad a la leyenda, afirmando que la brisa que se siente en medio del túnel no es ni mucho menos un proceso natural.


Hoy os dejé un breve tentempié para que comencéis a sumergiros en las tétricas leyendas que se forjan con el paso de los años. Para que vayáis abriendo boca y os adaptéis a las historias que nacen detrás de las tragedias. Aquellas que alimentan el placer que provoca la existencia de un mundo paralelo, aquellas que bajo los ojos de escépticos y creyentes se producen tras explicaciones imposibles. A veces nos justificamos bajo el velo de una leyenda inventada, excusándonos quizás por un suceso que queda pendiente de ser o no demostrado, pero, mientras tanto, seguiré dejándoos en el aire historias que, con o sin explicación, harán las delicias de vuestras más suculentas pesadillas. 

Y ahora, ¿me acompañáis a encender una cerilla?.

 M. Rubar


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